Platicamos con Alex Ferreira

Martha Elisa Estrada Cortez • April 2, 2026

Platicamos con Alex Ferreira previo a su regreso a Guatemala

La inevitabilidad del pasar del tiempo y la ansiedad que esto trae. Pensamientos intrusivos, nuevas realizaciones ¿puede ser? Por suerte, hay artistas como Alex Ferreira que me recuerdan que la paciencia es mi amiga. El dominicano trae consigo un nuevo álbum y estará de vuelta en Guatemala para presentar El Arte de Esperar. Platicamos con él previo a su visita al país el próximo sábado 18 de abril en la Alianza Francesa. 

Felicitaciones por el álbum. En una época en donde la gente está obsesionada con lanzamientos en cascada, en la versión deluxe del deluxe, tener colaboraciones y placements, vos hacés todo lo contrario. Me parece valioso que todavía exista gente que quiera hacer música con intención. 

Sí, la verdad que hoy en día se le pide a los artistas, sobre todo, que saquen música constantemente, que sean influencers, que estén todo el tiempo en las redes sociales. En mi caso, llegó un momento en mi vida donde me hacía más sentido todo lo contrario. Tampoco creo que sea bueno para la música. Voy a decir somos porque voy a incluir a todo el mundo, pero tampoco somos tan prolíficos como para que el ser humano tenga la capacidad de hacer una canción buena tras otra, sin parar, durante años, ¿no? Yo creo que el proceso creativo necesita, sí o sí, un momento de inhalar para poder exhalar de alguna manera. 


La intención que tenés, la forma en que encarás un proyecto este año no es la misma que hace 10 años.

Hace 10 años, a lo mejor, era un poco más consciente de los géneros. Soy caribeño, pero viví mucho tiempo en otros países. De repente me puede salir una canción que tenga más influencia caribeña y después me puede salir una cosa que no tenga nada que ver con el Caribe. Siempre era muy consciente de eso y me preocupaba porque decía, ‘no sé, esto que estoy haciendo es un poco como un arroz con mango’, como dicen en Dominicana. Es una fusión un poco descarada. Ahora, quizás, eso me importe menos y pienso menos en eso. Ya he acostumbrado a la gente que escucha mi música que eso no es un problema, en absoluto. Incluso, diría que en vez de definirme como alguien que hace un género, simplemente hago canciones y le pongo la ropita a cada canción que entiendo que le queda bien o que me divierte. A fin de cuentas, estoy intentando, a mi edad, todavía seguir sintiendo esta cosa como de jugar y de pasarla bien haciendo música. Creo que se refleja en este disco. 


Este disco es uno muy de laboratorio. Es un disco que tiene mucho de mí porque lo hice en mi en mi espacio de trabajo con mis amigos. Lo produje, lo mezclé, lo escribí, me apoyé en gente, en compañeros que me ayuden. Puede ser peligroso, ¿no? Se puede viciar el proceso creativo por el hecho de que todo lo estás haciendo tú, de alguna manera. Sí involucré a más gente que me ayudó a parar, incluso. Esto es un poco lo que lo que, al día de hoy, se diferencia del yo de hace 10 años. Antes delegaba mucho más, no tenía tanto control del resultado final. Eso no lo digo para mal. Colaboré con mucha gente, gente muy querida. Ahora traigo más esta onda del do it yourself.

Vos mezclaste el álbum también. Hay algo muy obsesivo en ese proceso de revisitar una sesión, darle de vuelta. No solo pasás tanto tiempo componiendo, estás muy encima. ¿En qué momento ponés distancia? 

Sí, El Arte de Esperar apela a la paciencia. Entonces, en este proceso nadie me estaba esperando, nadie estaba metiéndome presión. Me encargué de no sentir esa presión que tengo de sacar un disco en tal año y que tiene que ser perfecto. Me dediqué a jugar. Por esa razón grabamos 30 canciones de las que se eligieron 10. En ese sentido, lo vi como un lujo. Me gustó muchísimo la experiencia. No creo que sea bueno… Lo hice ahora, pero no quiero en todos los discos que vengan hacer 30 canciones. Tampoco creo que sea el plan ni que sea saludable, pero quise darme el lujo de poder elegir entre esas 30. 


Te tomo como una persona intencional. Tenés álbumes cortitos, 10-11 tracks que no pasan de 40 minutos. Creo que, si fuera por vos, ni sacarías sencillos sino directamente el álbum como pieza. Habláme de ese proceso de síntesis. ¿Cómo lo has ido refinando con el paso de la carrera?

Sí, y más que una persona que hace música, me considero, sobre todo, fan de la música. Soy consumidor. De hecho, estoy aquí encima de una colección de discos de vinilo. Estoy ahora mismo arriba de un mueble que está lleno de discos. Soy muy fan del formato físico. Soy muy fan. Me apasiona mucho la experiencia del álbum, no solo de la canción, sino el orden. No me gustan los discos largos. Me gusta este lugar, este rango entre 35 minutos y 45 minutos. Se me hace perfecto para un álbum. Soy muy estricto con eso de no aburrir a la escucha. Si ya esta canción dice esto y lo dice de esta manera, ¿por qué meter otra que lo diga igual y que diga lo mismo? Es este tipo de pensamiento y reflexión que siempre tengo a la hora de terminar un disco. No pienso que todo lo que yo haga merece la pena salir.

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De vuelta al principio. Vivimos en una época en donde todo el mundo mete 18 canciones de relleno en un álbum. ¿Por qué habrías de sacar una versión deluxe? 

Y lo podría hacer ahora porque mucha gente me pregunta, ‘bueno, ¿y qué onda con esas otras 20 canciones? De ahí puede salir otro disco’. O a lo mejor ya estoy en otro proceso creativo y luego me dicen, ‘pues, ármate la versión deluxe’. Es una posibilidad de que saque algo más. De hecho, en otros discos, dos en concreto, saqué un EP un año después del lanzamiento. Esa era la pequeña versión de ese disco que traía cosas que se quedaron fuera, versiones acústicas. Lo del deluxe nunca lo he hecho, pero puede ser algo que haga. 


¿Cuándo coincidís con
Sir Hope? A él le conocí por Portales (2021), se siente tan lejana la salida de ese álbum, ahora que lo pienso. ¿En qué momento decidís que es la persona correcta para acompañar este proceso? 

Hay un artista mexicano muy bueno que te recomiendo. Va a sacar un disco, se llama Pehuenche. Es un amigo, abrió unos conciertos en una gira y me invitó a cantar en su disco que va a salir. Es una canción bellísima, me sentí muy honrado de cantarla con él. En esa grabación conocí a Germán, eso fue hace más de un año. Justo necesitaba alguien que me ayudara. Me gustó cómo quedó ese tema, la mezcla, la producción. Justo son esas cosas de la vida de que tú andas buscando un perfil de persona para que te ayude. Obviamente, ya empezando a trabajar con él, noté que sí iba a tener funciones de producción directamente. 


Entiendo que Gian Rojas, de Solo Fernández, también estuvo presente en ese proceso. Sé que él se la pasa en México ahora, trabaja con Camilo Séptimo y está involucrado en otros proyectos. 

Gian y yo somos de la misma ciudad y siempre estoy muy pendiente de lo que está pasando en mi en mi tierra, en mi país, en la música alternativa, en en la música en general. La propuesta de Solo Fernández, ahora mismo, es única en la isla. Como dices, él viene mucho a México. De alguna manera, mi casa en México es la embajada de República Dominicana. Todos pasan por aquí y nos hicimos muy amigos. Gian también es un gran productor, joven. Quería probar encontrar algo un poco más fresco. 

Las cosas que él hace son muy enérgicas, muy potentes. Quizás, cuando yo produzco, tiendo a entrar en unos lugares un poco más suaves. Él es un poco más agresivo, entonces estaba buscando alguien que me sacara un poco esa parte de mi música. Él vino a México, se quedó unos días en mi casa y tengo el estudio aquí cerca. Te digo, todo lo hicimos en el mismo estudio. Es un estudio personal y fue muy orgánico, muy fluido. Me encantó trabajar con él, la verdad.


Sabiduría Barata, este ejercicio de reflexiones escritas que tenés en Substack, parece ser la respuesta correcta para un proyecto como el tuyo. Y veo que tampoco sos del tipo de persona que dice, ‘voy a publicar todos los meses, tal día’ sino que es cuando tenés ganas. ¿Cómo te llevas con ese formato?

Inicialmente, mi intención era escribir mucho más, la verdad. Entonces, siempre es como, ‘ay, no escribí en Substack, se me olvidó’. Intento que sea un lugar donde no necesariamente hago promo, no estoy constantemente promocionando cosas. Es un lugar ahí, como lo describiste tú, alejado del algoritmo, algo que se siente más cercano. Me gusta hacerlo, quiero hacerlo más. Tengo que encontrar el tiempo. La verdad, sigo otros Substacks también y se me hace bonito que te llegue un mail de alguien, se me hace muy distinto a que te salga en un feed, ¿no? Me parece increíble que, todavía en el 2026, el correo siga siendo algo tan presente y poderoso. Llevaba tiempo queriendo hacerlo y no lo hacía porque decía, ‘bueno, ya de aquí a 10 años la gente no va a usar mails’. Ahora estoy súper clavado, pasando, de alguna manera, la data que pueda tener en redes sociales a un mailing. Un poco para tener un diálogo más directo con la gente.


Me quedo con el quote que compartiste el día del de la salida del álbum, “hoy el disco ya no es mío. Qué alivio. Es de quien lo necesite”. ¿Cuál fue el último disco que te generó esa alegría?

Son muchos. Estoy escuchando mucho a una banda norteamericana que se llama Big Thief. Adrianne Lenker también. Siempre que sacan algo me emociona mucho. Pienso en mis amigos, mis compañeros. A veces, uno está cerca de esos discos, de su proceso, y eso te genera una carga emocional, ¿no? Mis amigos me inspiran mucho. Los discos de mis compañeros me gusta celebrarlos cuando salen.



¿Tenés alguna obsesión actualmente? ¿Algo que te esté comiendo la cabeza?

Sí, siempre, siempre. De hecho, me considero una persona obsesiva, compulsiva. Ahora mismo tengo una gira y estoy haciendo el tour management. Lo cual me pone en una situación… Llevo mucho tiempo haciendo este disco, tocando la guitarra y siendo -entre comillas- artista. Hay una parte del trabajo que, de repente, se convierte en un trabajo de oficina. Entonces, ahora mismo estoy obsesionado con hacer tour books. Es ese documento que se le manda a los músicos, a la gente de producción. Estoy muy obsesionado con los preparativos para la gira que incluye Guatemala. 


A veces me agarra por cocinar. Me creo el chef más chef de todos y me paso un mes obsesionado cocinando. Cuando mezclé el disco estaba obsesionado y me quemaba la cabeza el tema del audio, todo eso. Siempre tengo algo ahí pasando, ya sabes.

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